El arsénico en el agua en provincia de Buenos Aires y La Pampa: ¿Qué nos dice la geología?
El incremento de los casos durante el último año alertan a los municipios de la región.
Juan Cruz Palma, Lic. en Geología
12/2/20254 min read


En las últimas semanas, el relanzamiento del Mapa de Arsénico por parte del Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) ha vuelto a poner en agenda un tema que, para quienes habitamos el oeste de la provincia de Buenos Aires y el este de La Pampa, es una realidad cotidiana. Los puntos rojos y amarillos en el mapa confirman lo que la hidrogeología regional tiene bien documentado: convivimos con un "vecino incómodo" en nuestros acuíferos.
Como geólogo y habitante de la región, creo que es fundamental traducir estos datos técnicos. Lejos de generar alarma, el objetivo es comprender el origen geológico de este elemento, por qué su distribución es tan variable y por qué el monitoreo es la herramienta más eficaz que tenemos para gestionar nuestra salud.
1. La Cordillera en nuestro patio: El origen geológico
Es común escuchar que el arsénico es culpa de los agroquímicos o de la contaminación industrial. Si bien la actividad humana puede afectar la calidad del agua en otros aspectos (como los nitratos), en el caso del arsénico, la responsabilidad es de nuestra historia geológica.
Para entender por qué el agua de nuestra región tiene arsénico, tenemos que mirar hacia atrás millones de años y hacia el oeste, a la Cordillera de los Andes.
La lluvia de cenizas y el Loess
Durante el levantamiento de los Andes, se produjeron erupciones volcánicas colosales. Los vientos predominantes del oeste arrastraron enormes nubes de ceniza volcánica a través del continente, depositándolas finalmente en nuestra llanura. Ese polvo fino se acumuló capa sobre capa durante milenios, formando lo que los geólogos llamamos el Loess Pampeano: la matriz que constituye nuestros suelos fértiles y el acuífero freático.
La "sopa" química: Hidrólisis del vidrio volcánico
Esas cenizas contienen partículas microscópicas de vidrio volcánico (de composición riolítica/dacítica) que son ricas en elementos traza como arsénico, flúor y vanadio.
El agua de lluvia, al infiltrarse en el suelo y recargar los acuíferos, entra en contacto con este vidrio. Con el tiempo, el agua disuelve lentamente estas partículas (un proceso químico llamado hidrólisis). Es decir, el agua no se "contamina" por una fuente externa; adquiere la composición química de la propia roca que la aloja. Es un proceso natural e inevitable de nuestra geografía.
2. La Lotería de los Médanos: Lentes de agua y variabilidad
Nuestra región, conocida hidrogeológicamente como la "Pampa Arenosa" o el "Oeste Medanoso", presenta un desafío particular que hace que el monitoreo sea vital: la extrema variabilidad espacial.
En el oeste bonaerense, el agua subterránea regional tiende a ser salada y con niveles basales de arsénico elevados. Sin embargo, la geomorfología nos ofrece una solución natural. Los médanos y zonas arenosas funcionan como áreas de recarga preferencial. Cuando llueve, el agua dulce se infiltra rápidamente y forma lentes de agua dulce que, por diferencia de densidad, "flotan" sobre el agua salada regional más profunda.
● La importancia de la ubicación: Un pozo ubicado sobre una lente activa puede tener excelente calidad y bajo arsénico. Otro pozo, a pocos cientos de metros o con mayor profundidad, puede captar el agua regional salinizada y rica en arsénico.
● Esta complejidad geológica hace que no podamos generalizar la calidad del agua de todo un partido basándonos en una sola muestra.
3. ¿10 o 50 ppb? Entendiendo el riesgo
El mapa del ITBA toma como referencia el valor guía de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 10 ppb (partes por billón). Sin embargo, el Código Alimentario Argentino y leyes provinciales a menudo toleran hasta 50 ppb en regiones con arsénico natural debido a la dificultad tecnológica de bajar esos niveles masivamente en todas las redes.
Desde el punto de vista sanitario, la clave es entender que el arsénico es un agente de riesgo acumulativo. No genera un daño agudo inmediato (como una bacteria), sino que la exposición crónica a lo largo de décadas aumenta estadísticamente la probabilidad de desarrollar patologías. Por eso, aunque el agua cumpla con la tolerancia legal de 50 ppb, el consenso profesional es siempre aplicar el criterio precautorio: reducir la ingesta tanto como sea técnicamente posible.
4. Estrategias de Consumo y Tratamiento
Dada la hidrogeología de nuestra región, es habitual que la población adopte hábitos de consumo diferenciados para minimizar riesgos. No se trata de una política única, sino de una adaptación necesaria a la calidad del recurso:
● Agua de Red (Uso Sanitario): El agua de red clorada garantiza la seguridad microbiológica (libre de bacterias), siendo perfectamente apta para higiene personal, limpieza y lavado, ya que el arsénico no se absorbe por la piel.
● Agua de bebida (Ingesta): Para beber y cocinar, muchos vecinos optan por fuentes alternativas de mayor pureza, como el agua envasada o tratada.
○ Tecnologías de abatimiento: Existen tecnologías probadas, como la Ósmosis Inversa, que filtran el agua a nivel molecular reteniendo sales, flúor y arsénico. Esta es la tecnología estándar utilizada por muchas empresas de agua de mesa y cooperativas para producir agua segura en bidones o dispensadores.
5. El valor del Monitoreo y la Ciencia Ciudadana
Lo que no se mide, no se puede gestionar. Iniciativas de ciencia ciudadana como la del ITBA son valiosas porque visibilizan el problema, pero desde los municipios y comunidades podemos ir más allá.
● Monitoreo Estratégico Local: Es posible impulsar campañas de muestreo a nivel municipal o regional, coordinadas para mapear con precisión las lentes de agua dulce. Conocer dónde está el agua buena permite planificar mejor las perforaciones urbanas y preservar el recurso.
● Control de Pozos Particulares: En zonas rurales o periurbanas sin red, el riesgo es mayor por la falta de control. Se recomienda a los particulares analizar su pozo al menos una vez al año, preferentemente en periodos de sequía y de recarga (lluvias), ya que los niveles de arsénico pueden fluctuar con el movimiento de la napa.
Conclusión:
El arsénico es una condición intrínseca de nuestra geología pampeana, no un error humano. No desaparecerá, pero podemos convivir con él de manera segura. La clave está en el conocimiento: entender el origen natural nos permite tomar decisiones racionales, exigir y apoyar monitoreos constantes, y elegir las fuentes de agua adecuadas para cada uso en nuestros hogares.
Fuentes: Datos del Mapa de Arsénico (ITBA), Estudios hidrogeológicos del Noroeste de la Provincia de Buenos Aires, Código Alimentario Argentino y guías de la OMS.
